Carmen Garrido Ferrer

Creatividad, comunicación, habilidades sociales, innovación educativa, gestión emocional, coaching…


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Te lo digo por tu bien

“Te lo digo por tu bien” bonita frase que seguro casi todos hemos escuchado de alguien que nos estaba haciendo un favor.

Cuántas veces, si además eres padre o madre, la has dicho cargado de razón a tus hijos, para evitarles un error, que en nuestra opinión, no deberían cometer. O a un amigo, compañero, vecino…

Estos días me ha dado por pensar en la frasecita a raíz de las numerosas informaciones con las que nos bombardean los medios de comunicación sobre el famoso accidente aéreo (no necesito especificar Titulares de periódicoscual, ¿verdad?) y sobre alguna experiencia que a nivel personal he tenido recientemente de informaciones bienintencionadas.

Todos estamos interconectados en una red social, de forma que nuestros actos repercuten ineludiblemente en los demás sin que en muchas ocasiones podamos prever las consecuencias que tendrán. Tampoco nos paramos a pensar ni por un momento en nuestras motivaciones, en aquello que nos lleva a actuar de un modo determinado, más allá de la explicación que, para acallar nuestra conciencia, demos a nuestros actos.

Realmente ¿qué me mueve a decir esto o aquello? ¿a contárselo a esta persona? ¿qué gano yo y qué gana ella?

Si preguntáramos a los periodistas que tan diligentemente nos proveen de datos sobre el accidente, el copiloto, su estado mental, su vida personal, sus aficiones, gustos, pensamientos… (supongo que si seguimos así no tardaremos en conocer a su pareja, a su vecino que nos dirá que era un chico algo retraído, pero de familia normal y agradable… en fin). Si, como digo, preguntáramos a estos periodistas por el motivo de tal nivel de detalle, seguramente nos dirían que “por el bien del periodismo, que la gente tiene derecho a estar informada…”

Pensando en todo esto, me ha venido a la mente una historia que leí sobre Sócrates y el triple filtro.

Se dice que un discípulo se le acercó diciéndole: 

  • “Maestro, ¿sabes lo que escuché acerca de tu amigo?”
  • “Espera un minuto -replicó Sócrates-, antes de decirme cualquier cosa, quisiera pasar la información por el “Triple filtro.” El primer filtro es el de la verdad: “¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?”.
  • “No -dijo el hombre-, realmente solo escuché sobre eso y no lo he comprobado”
  • “Bien, entonces realmente no sabes si es cierto o no”. Ahora permíteme aplicar el segundo, el filtro de la bondad: “¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?”
  • “No, por el contrario………”
  • “Entonces -continuó Sócrates-, tú deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto. Tú puedes aún pasar el examen, porque queda un filtro”: El filtro de la utilidad: “¿Será útil para mí lo que vas a decirme de mi amigo?”
  • “No, realmente no”.
  • “Bien -concluyó Sócrates-, ¿si lo que deseas decirme no es cierto ni bueno e incluso no es útil, por qué decírmelo?”

¿A quien beneficia toda esta información? ¿A los familiares de las víctimas, a los del piloto, al público en general? ¿Es cierto todo lo que se dice? ¿Y bueno? ¿Y útil?

Quizá si que podamos extraer un aprendizaje de todo esto:

¿Cuánto de lo que oímos y decimos podría superar el triple filtro?

Yo por mi parte, voy a intentar “filtrar” lo que transmita o asimile. Siempre, claro está, que mis emociones no me jueguen malas pasadas.

Pero esa ya es otra historia.


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Cómo quiero que sea mi grupo de Whatsapp

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Las controvertidas últimas modificaciones que sus creadores han introducido en este famoso servicio de mensajería están generando situaciones nuevas entre sus usuarios. Por un lado, en los mensajes individuales el doble click azul deja al descubierto cuando se ha leído una comunicación, y lo mismo ocurre en los mensajes de grupo con el botón “info” que aparece si pinchas en uno enviado por ti y que te informa de qué miembros en concreto lo han leído.

Como casi todos los avances tecnológicos, estas mejoras no son ni positivas ni negativas, dependerá del uso que demos a la información extra obtenida.

Todo esto me ha llevado a reflexionar sobre las características que me gustaría tuvieran los grupos de Whatsapp a los que pertenezco. Para mi es importante el respeto al espacio privado, al derecho que cada uno tiene a decidir sobre si quiere responder a un mensaje o no, y en qué momento o de qué modo desea hacerlo. A no sentir que se le pueda vigilar, recriminar o se le exijan explicaciones de forma más o menos velada. Ni siquiera pudiendo recurrir a esconderse tras la activación de las ventanas emergentes que hacen que pueda leer los mensajes sin “ser visto”.

En contrapartida debo aprender a gestionar mis inseguridades cuando veo que la respuesta del otro se hace esperar, preguntándome de donde vienen. Tendré que comenzar a pensar que pueden haber miles de motivos, todos ellos legítimos, que llevan a mi interlocutor a no responderme o a hacerlo de un modo diferente al esperado. A no tomármelo como algo personal, incluso a aceptar que pueda, efectivamente, ser algo personal que haga que no le apetezca hablar conmigo en ese momento.

¿Complicado verdad?

Pero a pesar de todo estoy dispuesta a trabajar por ello, porque pienso que el definir como me gustaría que fueran mis comunicaciones e intentar que mejoren día a día, me ayuda a mi misma y a los demás a crecer en ese sentido, pues si nuestras comunicaciones son respetuosas, las personas que las llevan a cabo lo serán también un poco más.

 

El 12 de enero comienza el Master de Emprendedores organizado por COEC Cartagena y dirigido a emprendedores, desempleados u ocupados menores de 35 años con interés en la creación de nuevas empresas. Todo el equipo de formadores está avalado por una consultora reconocida como es Inforges.

Participo en este master responsabilizándome del módulo de habilidades directivas, ya que ha diferencia de otros cursos, en este además de los contenidos profesionales, se da mucha importancia al desarrollo personal y las habilidades, aspectos que en mi opinión son básicos para poder desenvolverse con éxito en nuestras relaciones tanto profesionales como personales.

Están incluidas áreas como las habilidades de comunicación, la gestión emocional, el coaching y el liderazgo.

Si te interesa puedes encontrar toda la información en COEC

Master de Emprendedores


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Habilidades de comunicación y whatsapp

Las formas en las que nos comunicamos cambian a la velocidad en que lo hacen los medios de que disponemos.

Un día entra en nuestra vida el Skype y hablamos por vídeo conferencia a través del ordenador. Otro conocemos algo llamado Whatsapp y de repente todo el mundo se pasa el día tecleando en su móvil y teniendo varias conversaciones a la vez. En las últimas semanas parece que gana “adictos” el Line, que te permite hablar y escribir independientemente de si lo haces desde el teléfono o desde el ordenador. ¿Qué será lo próximo?

No importa el medio que usemos para comunicarnos, todos se basan en unos principios que están presentes en la comunicación humana y que no podemos olvidar, por muy sofisticado que sea el método que vayamos a utilizar.

Nosotros, como uno de los sujetos participantes, queremos transmitir un mensaje que exprese sin dudas lo que pensamos/sentimos sobre algo, y lo debemos hacer intentando no herir ni molestar al otro. Esta es la base de la asertividad.

Por otro lado, debemos mantener una actitud de escucha activa para poder percibir lo que la otra persona nos quiere decir, como está recibiendo nuestro mensaje, como se siente…

Evidentemente para poder enviar y recibir toda esta información tenemos varios canales.

Si tenemos en cuenta que según Mehrabian en toda comunicación hablada, las palabras en sí suponen tan solo el 7% de la información recibida, aportando el lenguaje no verbal el 55% y las características de la voz el otro 33%, nos daremos cuenta de toda la información que se pierde en la comunicación telefónica y especialmente en la escrita.

Cuando utilizamos esta formas de interacción, tenemos que ser especialmente cuidadosos a la hora tanto de lanzar nuestro mensaje como a la de interpretar lo que nos quieren transmitir a nosotros. Siempre se ha dicho que “la palabra es muy fría” y de alguna manera es cierto, a pesar de que los emoticonos intentan compensar de alguna forma esta “falta de sentimientos”.

Esa palabra no va acompañada, por ejemplo de una sonrisa suavizándola, de un contacto visual, o de una mano en el hombro… Vamos a interpretarla desde nuestras propias creencias, estado temporal de ánimo, expectativas, etc. Puede que todo esto no tenga nada que ver con la interpretación que le va a dar otra persona. Y esto se da, simplemente porque no tenemos toda la información.

Así que, si queremos mantener nuestra “agenda de contactos” intacta y no participar en conversaciones para sordos, antes de pulsar el botón de enviar, tendremos que realizar un ejercicio de empatía, intentando “entender” en el sentido más amplio de la palabra, cómo va a recibir el otro nuestro mensaje con la poca información que tiene (que tenemos), qué nos está queriendo decir y analizaremos si es el momento más oportuno para tratar un tema que se está complicando, o es preferible posponerlo para una situación en la que tengamos toda la información a nuestro alcance.

Nuestro estilo de vida es cada vez más rápido, pero en ocasiones vale la pena tomarnos tiempo y pararnos a pensar en como se ven las cosas desde el otro lado.

Seguro que nos ahorramos muchos malentendidos.