Carmen Garrido Ferrer

Creatividad, comunicación, habilidades sociales, innovación educativa, gestión emocional, coaching…


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Me he equivocado, ¿y ahora qué?

Continuamente estamos recibiendo mensajes de éxitos, personas que intentaron poner en marcha un proyecto y lo consiguieron. Solo tienes que creer en ti, tomar decisiones… Todo parece tan fácil…

Pero tu has probado algo que no ha funcionado o has tomado una decisión que no ha tenido las consecuencias esperadas. A pesar de poner toda tu energía, el tren se ha ido y tu no estabas montado en él… Entonces, parece que el mundo se acaba porque “HAS FRACASADO”.

¿Y ahora qué?

En los éxitos de los otros hay un lado olvidado que no se suele mostrar. El de los intentos frustrados, las renuncias, los cambios de dirección… Porque el camino que lleva a alcanzar un objetivo no es una encrucijada, en la que dependiendo de tu decisión te lleva al éxito o al fracaso. Es más bien una senda llena de curvas en la que cada error, cada bache, cada fallo, te acerca un poco más a tu destino.

El problema es, que cuando estamos inmersos en el dolor de ese obstáculo no superado, nuestro miedo, nuestra rabia o tristeza, nos paralizan e impiden ver que estamos tirados en el suelo en una carretera que, sin embargo, continúa.

La verdad es que, más allá del hecho objetivo del fallo, viviremos la situación dependiendo de cómo la interpretemos nosotros. Por eso dos personas pueden reaccionar de forma bien distinta ante, por ejemplo, un fallo en público o un suspenso en un examen.

Tal Ben-Shahar en su libro “La búsqueda de la felicidad” habla del método PRP y de cómo nos puede ayudar a reinterpretar la situación y sentirla como un paso más dentro de nuestro proceso de aprendizaje. Si lo ponemos en práctica, tras un “fracaso”, atravesaremos tres fases:

PERMISO

Para poder integrar algo, tenemos que darnos permiso para aceptar lo ocurrido, sin quitarle importancia (“no pasa nada” “no me importa” ) ni adoptar un papel de víctima que nos impida asumir nuestra parte de responsabilidad (“no he tenido suerte” “todo me sale mal” “no es culpa mía”).

Vale, nos hemos equivocado. Ser humano significa eso, cometer errores. Y nosotros lo somos. Preferiríamos que las cosas no hubieran terminado así, y esto nos hace sentir miedo, rabia, enfado, tristeza… Muchas veces ni siquiera somos capaces de aceptar y ponerle nombre a nuestras emociones.

Es un buen ejercicio de aceptación escribir como nos sentimos, contárselo a alguien o al menos hacerlo ante el espejo. Permitirnos sentir, y después, dejar que la emoción se marche.

 

RECONSTRUIR

Después de aceptar lo ocurrido, estamos en disposición de reconstruirlo, de darle otra interpretación más positiva. Para ello tendremos que comenzar a verlo como un reto, un desafío y el siguiente paso en nuestro caminar.

En este momento nos será muy útil plantearnos preguntas diferentes a las que solemos hacernos, preguntas poderosas. En lugar de “¿por qué me ha ocurrido esto a mi?”, otras que nos dirijan hacia la solución, no hacia el problema; que hablen de futuro, no de pasado.

¿Qué puedo aprender de esto? ¿qué haría diferente la próxima vez? ¿qué herramientas, personas, capacidades… tengo a mi alrededor que me ayuden a solucionar el problema? ¿cuál es el primer paso a seguir?

PERSPECTIVA

La última fase consistirá en relativizar lo ocurrido, tomar perspectiva, mirar desde la distancia. Cuando estamos inmersos en un momento de nuestra vida, lo vivimos con tal intensidad que no nos damos cuenta de que quizá ese momento, observando nuestra vida en global, pierde parte de su dramatismo. Simplemente tenemos que recordar como vivimos nuestro primer fracaso amoroso, lo mal que nos sentíamos, y en cambio es posible que ahora nos produzca emociones bien distintas o menos intensas.

Para ayudarnos a relativizar hay distintas técnicas que nos serán útiles, una de las cuales es la Regla 10-10-10, según la cual, debemos mirar el impacto de lo ocurrido en los siguientes 10 minutos, 10 meses y 10 años. Es posible que si nos acostumbramos a pensar de esta manera veamos lo ocurrido de distinta manera y nos pueda permitir reaccionar y continuar con nuestra vida con sentimientos más positivos.

El método PRP solo es una de las muchas maneras que hay de poner en práctica la idea de que los errores y fracasos son los pasos necesarios que nos llevan a conseguir aquello que nos proponemos, o al menos nos aportan la sabiduría suficiente para abandonar, modificar, ajustar… nuestras metas y deseos, sintiéndonos mejor con nosotros mismos.


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Taller “Cómo poner en marcha mi lado creativo”

La creatividad es un músculo que puede ejercitarse y llegar a impregnar todas las áreas de nuestra vida, cambiando la forma en que nos acercamos a los problemas, aumentando nuestra curiosidad y ganas de aprender y empujando nuestros límites cada vez más lejos.

En la actualidad nos preparamos para un mundo que no sabemos cómo será, ni qué destrezas o conocimientos serán necesarios.

Por eso, lo importante es enseñar al cerebro a encontrar nuevas soluciones a nuevos problemas, adoptar distintos puntos de vista, crear realidades nuevas…

Y en este viaje, debemos re-encontrarnos con nuestro lado más creativo.

En este taller, organizado por el servicio de cultura de la Universidad de Murcia aprenderemos cómo funciona la creatividad, para poder estimularla, cuáles son nuestros inhibidores y nuestras fortalezas.

Y todo ello lo haremos divirtiéndonos y poniendo en práctica lo aprendido.

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Y el sueño continúa…

Hace algunos años (yo todavía no formaba parte del proyecto) un pequeño grupo de soñadores, entre los que se encontraba Eduard Punset, pensaron que sería bonito que existiera un lugar al que personas de todo el mundo pudieran acudir para compartir sus dudas y dolores emocionales. Y se pusieron manos a la obra.

Poco a poco, sin medios  y con muchísimo esfuerzo y dedicación el servicio de Apoyo Online (APOL) fue tomando forma. Al principio el equipo lo formaban unos pocos profesionales que, de forma desinteresada, invertían su tiempo en responder a las consultas que a través de la plataforma les llegaban. Pero cada vez eran más las personas que acudían a este servicio, por lo que hubo que buscar refuerzos. Y en este momento entré yo, gracias a Gabriel González, mi compañero en otros proyectos, que me mostró lo que hacía. Por supuesto, en cuanto conocí su trabajo, me encantó la idea y desde entonces formo parte de un equipo fantástico de compañeros.

El estar ahí supone un gran esfuerzo, ya que hemos llegado a tener más de dos millones de consultas anuales, a las que, de una manera u otra, intentamos dar respuesta.

Pero los comentarios de agradecimiento de las personas que escriben, el compartir con los compañeros y sobre todo, el reunirnos periódicamente con Eduard, el alma del proyecto y una fuente de inspiración en cuanto pasas más de dos minutos seguidos con él, hace que merezca la pena todo el esfuerzo realizado.

Ahora Eduard se retira, ya que a sus 80 años necesita algo de descanso y quiere disfrutar un poco de su tiempo, de su familia y de su tierra. Por supuesto, su retiro no es completo, él no lo permitiría, ya que seguiremos teniendo encuentros en los que continuar hablando de emociones, de personas, de proyectos…

Pero el Apol no acaba aquí. Ni mucho menos. La Fundación Mapfre ha recogido el testigo para que podamos seguir con nuestra labor. Esperamos que esta nueva etapa esté a la altura de lo que un día, en una masía catalana, imaginó aquel grupo de soñadores.

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Quiero ver Héroes Invisibles

heroína Alicia Sornosa Mientras veía la sección de deportes del informativo de la noche, no importa de que cadena, todos se parecen bastante, me dio por pensar (los caminos de la asociación de ideas en el cerebro son infinitos) en todos esos españoles que abandonan su vida o la modifican para acercarse a los otros, para realizar una labor humanitaria donde otros no llegamos o no queremos llegar.

En todas esas personas que no son nunca, o casi nunca, titulares de periódicos y a los que no se les dedican minutos en televisión.

Todas esas personas que, como madre, me encantaría se convirtieran en modelos y transmisores de valores para mis hijos, en espejos en los que mirarse (hoy en día los espejos dejan bastante que desear, en mi opinión)

Y pensé: se podría hacer un programa en el que, en lugar de enseñarnos lo que hace el millonario de turno o lo bien que están nuestros jóvenes cuando se van a vivir fuera (añádase una nota de ironía tras esta frase), nos hablaran de esta gente y de otra mucha que vale la pena conocer. Inmediatamente me metí en internet a investigar un poco sobre el tema y cual no sería mi sorpresa cuando me encuentro con que la 2 de TVE hace unas semanas estrenó un programa de estas características, que se emite, o emitía, no se si ya lo habrán retirado, los domingos a las 12 de la mañana (Ohhh qué apuesta tan arriesgada!!!) y cuyo título “Héroes invisibles” ya dice mucho.

Bueno, hay que agradecer el intento al menos, aunque no nos hayamos encontrado el autobombo, tan de moda hoy en día, con respecto a este programa igual que lo hacen con otros, o que no lo hayan programado en un horario con más audiencia. Sería un sueño una apuesta decidida, valiente, poniendo toda la carne en el asador, que generara conciencia social, modelos de vida y pusiera en el lugar que corresponde este tipo de personas y acciones. Si hablamos además de la emisión en cualquier otra cadena, entramos ya en el terreno de la utopía.

Pero claro, a la vista del panorama social y político que vivimos, queda una vez más demostrado que en este fantástico país mío, la calidad de la gente anónima sigue siendo muy superior a los personajes públicos que nos muestran.

Así que, espero que mis hijos lleguen a ser unos estupendos seres humanos anónimos en un futuro. Su madre al menos se sentirá muy orgullosa de ello.


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Un adiós a Forem

Aulas de formación en el Polígono de San Ginés

Aulas de formación en el Polígono de San Ginés

Hoy he ido a entregar la documentación del curso de Dirección de equipos y Coaching que terminé la semana pasada y quiero compartir con vosotros algunas reflexiones, ya que esta edición ha sido especial para mí por dos motivos:

El primero porque me he encontrado un grupo extraordinario, cuyos integrantes eran, son, personas con unas enormes ganas de conocerse a sí mismas y trabajar en su desarrollo, con una gran generosidad para compartir y capacidad para interiorizar todo lo que, a lo largo de las sesiones, hemos ido viendo.  El curso se me ha quedado corto corto, y eso que este era de 40 horas. Con gusto lo hubiera alargado un par de semanas.

El segundo motivo que hace esta edición especial es porque se trata del último curso que imparto con Forem, ya que a partir del 31 de marzo, igual que les ocurrirá a otras entidades, cierra sus puertas. Siempre que se cierra un centro de formación, independientemente de que yo trabajara o no en él, es una mala noticia, y esta lo es para la formación en la Región. El cierre no está provocado por una mala gestión o por falta de oferta formativa, sino por una decisión política nacional, devenida, en mi opinión, por los escándalos que en otras comunidades autónomas han acompañado a la gestión de la formación y que en la nuestra ha provocado que paguen justos por pecadores.

Porque, por lo menos en Forem Murcia, conmigo las cosas siempre se han hecho “como toca”, sin invenciones, desvíos y chanchullos varios, tan comunes en otros sitios. El trato para los formadores ha sido fantástico, han intentado dar respuesta en la medida de sus posibilidades a nuestras necesidades, la gestión no ha tenido pega, y en cuanto a los asistentes, he visto como han intentado facilitarles al máximo su participación. Puedo decir que nos hemos sentido como en casa.

Todo esto ha sido posible porque detrás hay un grupo de personas estupendo, las dos Cármenes, Antonio, Mikel e Iván. No me olvido de Lydia, por ella pasé a formar parte de este gran equipo y se lo agradezco enormemente. Espero, no, estoy totalmente segura, que su siguiente etapa profesional va a resultar positiva y que engrandecerán el lugar al que vayan.

Por último, quiero compartir algunas fotografías que reflejen momentos pasados con todas aquellas personas que a lo largo de estos años he conocido en los cursos. Lamento no tener fotos de todas las ediciones y que algunas no tengan buena calidad, si consigo hacerme con más las incorporaré. Las personas que han participado en estos cursos son especiales, de las que he aprendido, han aportado lo mejor que tenían y me han ayudado a crecer como facilitadora.

Muchas gracias por hacer de mi trabajo algo tan gratificante.

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