Carmen Garrido Ferrer

Creatividad, comunicación, habilidades sociales, innovación educativa, gestión emocional, coaching…


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Lecciones de una niña de 8 años

Tengo una niña llamada Marina.

Marina es la pequeña de la casa. Adora a mi hijo mayor de 10 años y como cualquier hermano pequeño le gusta compartir con él todos los nuevos descubrimientos.

Hace un par de semanas vino a dormir a casa un amigo de Alberto al que le dan miedo las películas de Harry Potter, como a muchos otros niños, supongo. La diferencia es que este quería enfrentarse a su miedo. A pesar de que la cosa iba bastante bien, cuando llevábamos más de la mitad consideré que era suficiente prueba para una noche y cambiamos el tercio a otro programa menos impactante para él.

harry potterMientras desayunaban al día siguiente y comentaban orgullosos la hazaña lograda, quise aprovechar la ocasión y les puse en la tele un vídeo llamado ATRÉVETE, CAMBIA que utilizo en muchos de mis talleres para trabajar las creencias limitantes y el enfrentamiento a los miedos que todos arrastramos en nuestra vida. (El que esté libre de pecado que tire la primera piedra). Marina permaneció en silencio, supongo que para evitar que los mayores se percataran de su presencia y quisieran que les dejara solos.

La cosa quedó así, hasta que hace un par de días, mientras la peinaba comenzamos a hablar sobre su próximo viaje a Portugal. Aclarar que mis hijos pertenecen al grupo scout ganador de su festival de la canción, por lo que viajan a Portugal en representación de España.

Como decía, mientras la peinaba verbalicé una serie de “pegas” que le veía al viaje (que si demasiado largo, que si demasiado cansado, que no valía la pena el esfuerzo…), esperando, de forma no del todo consciente, que desistiera de su intención de ir sin que yo se lo dijese. Ya se sabe: “En casa de herrero…” A todas mis pegas ella contestaba con un argumento perfectamente lógico, hasta que, de repente, se me quedó mirando a través del espejo y en un ejercicio de empatía me dijo: “mamá, acuérdate del vídeo que nos pusiste donde salía un lobo que desaparecía cuando te enfrentabas a él.”

loboMe quedé helada. Efectivamente Marina había dado en el clavo. Lo que había detrás de todas mis objeciones no era más que miedo. Un miedo que nos acompaña a la mayoría de los padres a que les pueda pasar cualquier cosa a nuestros hijos y que provoca que en muchas ocasiones queramos tenerlos protegidos en casa, a resguardo de todo. Evitando así, no solo los potenciales peligros, sino todas las experiencias maravillosas que podrían vivir, y todos los aprendizajes que podrían extraer de sus fracasos.

Le dije que, efectivamente tenía miedo a que les ocurriera algo y no volvieran, pero que mi “lobo” quedaría encerrado en una jaula hasta su regreso. Entonces nos sonreímos y comenzamos a hablar de los preciosos sitios que iban a ver en su viaje, mientras continué cepillándole el pelo.


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Sobre jóvenes

Danaus_plexippus-adult1Esta semana he dado clase en la universidad como profesional invitada en el master de RRHH, como el año pasado.

Y como el año pasado he vuelto a tener contacto con los jóvenes recién diplomados/licenciados. Me gustan estos contactos porque me permiten contagiarme de las ilusiones y esperanzas de los que todavía no las han ido perdiendo en el mundo laboral, y es un lujo que no se paga con dinero.

La diferencia es que este año, mucho más que el anterior, me he encontrado con historias de desesperanza; la desilusión se ha instalado entre ellos, antes de lo que debería.

En nuestra labor como facilitadores nos topamos en Influye con personas que se inscriben en nuestros talleres porque buscan una salida, porque están cansados de una carrera profesional con la que no se sienten bien, de un puesto de trabajo del que posiblemente hace tiempo se “despidieron interiormente”.

Pero ellos…

Si son los que deberían estar comiéndose el mundo con sus ganas, los que tendrían que estar persiguiendo sus sueños e intentando hacerlos realidad, “pinchándonos” para seguir avanzando porque ellos vienen detrás empujando…

¿Qué país se puede permitir esto?

Si los que tendrían que encontrar la salida a la situación actual con una nueva forma de ver y hacer las cosas no creen poder hacerlo.

En vez de conseguir que se pregunten qué es lo mejor que tienen (solo 4 de 30 lo sabía), de decirles que hay algo en lo que son únicos… les decimos que hay cientos, miles como ellos, que se olviden de sus sueños y solo intenten sobrevivir. Si piensan, y lo que es peor asumen, que son “la generación perdida”…

¡Ya está bien!

Sí, es cierto, la situación es complicada, difícil… Pero ellos son los que tienen la clave de una nueva forma de hacer las cosas: están preparados, tienen talento, ganas, dejémosles que lo crean… y lo conseguirán.

Serán la generación que lo hizo posible.